La salud emocional en Coslada ya no es solo una percepción, es un diagnóstico con datos, opiniones y demandas concretas. El Ayuntamiento ha presentado en el Salón de Plenos el Estudio sobre el Bienestar Psicológico y la Salud Emocional, un documento que radiografía cómo se sienten vecinos y profesionales municipales. Deja preguntas abiertas sobre cómo responder a ese malestar creciente.
El trabajo se enmarca en el convenio firmado en junio de 2024 con el Colegio Oficial de Psicología de Madrid y ha sido impulsado desde la Concejalía de Educación con la participación de otros departamentos municipales. No es un gesto aislado, es parte de una estrategia que busca ordenar prioridades y decidir dónde poner los recursos.
Un contexto que no invita a la complacencia
La presentación del estudio no llega de vacío. En España, el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia situó como preferente la Estrategia de Salud Mental 2022-2026, de la que deriva el Plan de Acción de Salud Mental 2022-2024. El objetivo es mejorar la atención y el acompañamiento integral a las personas con problemas de salud mental.
Los datos nacionales refuerzan esa urgencia. El Estudio Internacional del Grupo AXA sobre Salud y Bienestar Mental refleja que el porcentaje de adultos en España que declara dificultades psicológicas pasó del 26% en 2022 al 34% en 2023. El Informe Anual del Sistema Nacional de Salud 2023 apunta además a un aumento de problemas psicológicos y de regulación emocional, con especial incidencia en personas mayores.
Coslada no es una excepción. Y por eso el Ayuntamiento ha querido medir su propia realidad. El estudio analiza percepciones, experiencias y opiniones tanto de la ciudadanía como de los profesionales de los servicios municipales. La intención es identificar demandas concretas y detectar necesidades que hasta ahora podían estar dispersas.
Jóvenes bajo presión
Si hay un grupo que concentra parte de la preocupación es el de la población joven. La Estrategia de Juventud de la Unión Europea alerta del aumento del estrés y la ansiedad vinculados a presiones sociales, uso inadecuado de medios digitales y dificultades para gestionar emociones y expectativas.
En Coslada, esa preocupación se traduce en una mirada directa a los centros educativos y al entorno familiar. Muchos jóvenes reclaman apoyos cercanos y accesibles. Y lo hacen en un contexto en el que no siempre resulta fácil pedir ayuda.
Pero el foco no se limita a ellos. Las familias afrontan condiciones laborales y sociales que complican el acompañamiento emocional cotidiano. Falta tiempo. A veces faltan recursos. Y eso repercute en la detección temprana del malestar.
El estudio subraya la necesidad de reforzar dispositivos comunitarios de apoyo y de mejorar las competencias parentales. También de generar espacios que favorezcan la comprensión mutua y fortalezcan los vínculos.
El papel de los centros educativos y la red local
Los ámbitos educativos y los espacios de socialización informal aparecen como piezas centrales. Porque es ahí donde se construyen entornos protectores. Pero para que funcionen, hace falta coordinación.
Durante la presentación, el concejal delegado de Educación, José Sousa, defendió que los ayuntamientos, por su proximidad, tienen una posición privilegiada para impulsar estrategias integrales de prevención y promoción del bienestar psicológico. También agradeció el trabajo transversal que ha permitido elaborar el documento.
Uno de los puntos que emerge con más claridad es la necesidad de estrechar la colaboración entre el Ayuntamiento de Coslada y los centros educativos de la ciudad. No como una declaración de intenciones, sino como una red operativa. Con protocolos compartidos y objetivos definidos.
De la fotografía al plan de acción
Un estudio, por sí solo, no cambia la realidad, pero sí marca el punto de partida. La utilidad del documento dependerá ahora de su traducción en medidas concretas, en programas sostenidos y en recursos suficientes.
La salud emocional ha dejado de ser un asunto privado para convertirse en un reto colectivo. Coslada ha decidido ponerle números y escuchar a quienes viven y trabajan en la ciudad. El siguiente paso será comprobar si ese diagnóstico se convierte en políticas visibles en los barrios, en las aulas y en los servicios municipales.





