El pasado 17 de abril, el Polideportivo Valleaguado de Coslada fue escenario de algo que cuesta resumir en un titular. Un grupo de personas con diversidad funcional jugó flag football inclusivo junto a jugadores de los Camioneros de Coslada. Sin contacto, sin barreras, y con un mini-partido al final que no necesitó árbitro para saber quién ganó.
Qué es el flag football y por qué importa aquí
El flag football es una variante del fútbol americano en la que los placajes se sustituyen por cintas o banderas sujetas a la cadera del jugador. Sin colisiones, el deporte se vuelve accesible para perfiles muy distintos. No es una moda: la modalidad tiene presencia en más de 100 países y fue incluida como deporte de exhibición en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.
En Coslada, ese potencial inclusivo se materializó gracias a tres actores: AIM Group, empresa organizadora del evento; el programa CRANE Cares, su iniciativa de responsabilidad social; y los propios Camioneros de Coslada, el club local que cedió su campo habitual para la ocasión.
La jornada en Valleaguado
La sesión arrancó con ejercicios básicos: pases, recepciones, carreras con balón. Después llegaron los «field goals» —lanzamientos al poste— y, como cierre, el mini-partido. Al frente de la actividad estuvo Enrique Alcalá, director técnico de la jornada, secundado por jugadores del club como Mahoney, Farru, Paula Felipe y Karely, además del entrenador de defensa del equipo senior, Renán Santana.
Los participantes fueron los chicos y chicas de ASPIMIP, asociación que trabaja con personas con discapacidad intelectual en la Comunidad de Madrid. Nuri, Víctor, Carlos y el resto del grupo convirtieron el campo en algo parecido a lo que debería ser el deporte siempre: un sitio donde la capacidad de disfrutar pesa más que cualquier otro marcador.

Una iniciativa que parte de las empresas, no de las instituciones
Lo llamativo de esta jornada no es solo lo que ocurrió en el campo. Es quién la promovió. CRANE Cares es el programa con el que AIM Group canaliza su acción social. El Ayuntamiento de Coslada colaboró y prestó apoyo logístico, pero el impulso inicial vino del sector privado.
Este modelo, en el que las empresas toman la iniciativa en proyectos de inclusión deportiva sin esperar al paraguas institucional, gana terreno en los últimos años. No garantiza continuidad por sí solo, pero sí permite reaccionar con más agilidad que los circuitos oficiales.
Los Camioneros de Coslada, por su parte, llevan tiempo consolidando una imagen de club que trasciende el marcador. La cesión del Polideportivo Valleaguado encaja con una trayectoria que combina deporte de competición con presencia en el tejido social del municipio.
Lo que no queda recogido en ningún documento es la expresión de los participantes durante el mini-partido final. Eso es, precisamente, lo que hace que iniciativas como esta sean difíciles de medir y fáciles de recordar.





