El Teatro Municipal de Coslada se prepara para un espectáculo poco convencional. SPIRA, la pieza que trae la Compañía Ogmia al escenario de la Avenida de los Príncipes de España, no es una función de danza más. En ella, la palabra “transformación” toma peso propio y empuja al público a mirar hacia adentro sin evasivas, con un lenguaje físico y simbólico que no se olvida fácil.
Una obra que no sigue la coreografía habitual
Cuando hablamos de danza contemporánea en Madrid, suele dominar lo estético, lo bello y lo lineal. SPIRA rompe con ese molde. Concebida, creada y dirigida por Eduardo Vallejo junto con la intérprete Michela Lanteri, la propuesta se mueve en un terreno más inquietante. La escenografía no intenta ser amable. Se inspira en arquetipos antiguos como el Ouroboros o Melusina, figuras que en la mitología simbolizan ciclos, finales, comienzos y metamorfosis.
La escena plantea un “rito” en el que una deidad ofídica —esa imagen potente de advertencia y renacimiento— emerge ante los ojos del espectador. No hay atajos narrativos. No hay una historia con principio y final claros. Lo que hay es cuerpo, movimiento, tensión y una invitación deliberada a confrontar zonas menos luminosas del propio pensamiento.
El contexto importa
El Teatro Municipal de Coslada no es un recinto enorme. Ese tamaño contenido obliga a una cercanía inevitable entre intérpretes y público. Esa proximidad intensifica la experiencia de SPIRA: cuando la pieza te llama a “mirar hacia dentro”, lo hace a pocos metros, sin intermediarios. Es una decisión de puesta en escena que parece encajar con la idea de quebrar distancia entre arte y espectador, entre forma y emoción.
Porque la obra no se queda en la superficie. La lluvia de imágenes que propone —serpientes, ciclos, metamorfosis— funciona como un espejo, más que como un decorado. A ratos, ese espejo duele. A ratos, hipnotiza. Esa ambivalencia es deliberada. SPIRA no te entrega respuestas fáciles. Te obliga a sostener preguntas. Sobre quién eres. Sobre qué temes. Sobre qué puedes llegar a ser.
Más allá de la danza
No es trivial ver este tipo de propuestas en un punto cultural fuera del centro de Madrid. Coslada, con su escena creciente de artes escénicas y su afición por programación diversa, ofrece un escenario donde este tipo de riesgo artístico no se siente ajeno. La obra forma parte de la programación regular del espacio y, aunque la danza contemporánea puede intimidar a quien no está familiarizado, Spira articula sus elementos de manera que el desafío al espectador no resulte gratuito.
El público adulto que se acerque al teatro el 7 de marzo de 2026 a las 19:00 horas encontrará una pieza de danza física y simbólica, pero también un ejercicio de reflexión. No hay moralejas escritas ni guion explícito. Hay movimiento, silencio y una tensión constante entre lo humano y lo mítico.
¿Para quién es esta obra?
Si lo que buscas es entretenimiento ligero, SPIRA no es el espectáculo que esperarías. No está pensado para consuelo ni complacencia. Está diseñado para incomodar, para poner en duda certezas. Su lenguaje —a medio camino entre la danza y la performance ritual— exige atención y entrega. Pero esa exigencia también puede ser motivo de fascinación para quien quiera ver algo que no parece venir “de fábrica”.
En tiempos donde la mayoría de la programación cultural se rige por fórmulas seguras, SPIRA se planta sin concesiones. Su apuesta por un diálogo franco entre escena y espectador deja una marca que, si no transforma, al menos no se olvida al salir de la sala.





