La ausencia de cafeterías en los centros de mayores de Coslada se ha convertido en un problema que va más allá de un servicio cerrado. Ocho meses después de su interrupción, el asunto llega al debate político con una pregunta de fondo: qué ocurre cuando desaparecen espacios cotidianos que sostenían la vida social de cientos de vecinos.
Un servicio interrumpido desde julio de 2025
El origen de la situación se remonta al 30 de julio de 2025. Ese día, la empresa adjudicataria del contrato dejó de prestar el servicio de cafetería en los centros municipales de mayores. Desde entonces, según denuncia el Partido Popular de Coslada, no se ha restablecido ni se ha puesto en marcha una alternativa temporal que cubra esa necesidad.
La formación llevará este asunto al próximo Pleno ordinario de mayo mediante una moción de control. Su portavoz, Paco Becerra, sostiene que el tiempo transcurrido sin solución evidencia una falta de respuesta eficaz por parte del equipo de gobierno.
El problema no se limita a la ausencia de un servicio de hostelería. En estos centros, las cafeterías funcionaban como punto de encuentro diario. Su cierre ha dejado un vacío difícil de sustituir.
El impacto en una población envejecida
En Coslada, las personas mayores de 65 años representan cerca del 25% de la población. Es un dato relevante para entender el alcance de la situación. No se trata de un colectivo reducido, sino de una parte significativa de la ciudad.
El envejecimiento, además, trae consigo retos conocidos: pérdida de redes sociales, mayor riesgo de aislamiento y dificultades para mantener rutinas activas. En ese contexto, espacios como las cafeterías de los centros de mayores cumplían una función que iba más allá del ocio.
Según explica Becerra, estos lugares favorecían la convivencia diaria, ayudaban a mantener relaciones sociales y ofrecían un entorno accesible donde pasar el tiempo. Su desaparición, por tanto, tiene consecuencias directas en el bienestar emocional y físico de los usuarios habituales.
Más que café: alimentación, movilidad y vida social
El debate ha puesto sobre la mesa el papel que juegan estos servicios en la vida cotidiana de los mayores. Las cafeterías no solo ofrecían un lugar para socializar. También facilitaban el acceso a una alimentación equilibrada a precios asequibles.
A eso se suma otro elemento menos visible: la movilidad. Acudir a estos centros implicaba salir de casa, caminar, mantener cierta actividad diaria. Sin ese incentivo, muchas personas reducen sus desplazamientos, lo que puede afectar a su autonomía.
El Partido Popular insiste en que se trata de un recurso social clave. Considera que su recuperación debería ser prioritaria dentro de las políticas municipales dirigidas a este colectivo.
La exigencia de medidas concretas
La moción que se debatirá en mayo plantea la necesidad de adoptar medidas urgentes, pero también concretas y verificables. No basta con anunciar soluciones, señalan desde el grupo popular; es necesario fijar plazos y garantizar que el servicio vuelva a funcionar.
Además de la reapertura de las cafeterías, la formación incluye en su demanda la recuperación del servicio de comida a domicilio, también interrumpido. Este complemento resultaba especialmente útil para personas con movilidad reducida o dificultades para cocinar.
Por ahora, el asunto entra en la agenda política municipal. El Pleno será el escenario donde se midan las posiciones de los distintos grupos y, previsiblemente, donde se exijan explicaciones sobre los retrasos acumulados.
Un debate que trasciende lo local
Lo ocurrido en Coslada no es un caso aislado. La gestión de servicios dirigidos a personas mayores se ha convertido en un reto para muchos municipios, especialmente en un contexto de envejecimiento progresivo de la población.
La clave está en cómo se priorizan estos recursos. La falta de continuidad en servicios básicos puede tener efectos que no siempre se ven de inmediato, pero que terminan impactando en la calidad de vida de quienes dependen de ellos.
En Coslada, la reapertura de las cafeterías no es solo una cuestión administrativa. Es, sobre todo, un reflejo de cómo una ciudad cuida —o deja de cuidar— a una parte importante de sus vecinos.





