La última reunión de trabajo entre los alcaldes de Coslada y San Fernando de Henares volvió a poner sobre la mesa la palabra clave que define su relación: urbanismo compartido. Fue un encuentro sin grandes focos, en la casa consistorial de la avenida de la Constitución de Coslada, pero con un mensaje de fondo que va más allá de la foto institucional. Dos ciudades pegadas, dos equipos de gobierno y una misma pregunta de fondo: cómo ordenar un territorio que, en la práctica, funciona como un continuo urbano.
Un encuentro que ya es rutina
La cita no fue excepcional. Se enmarca en una ronda de reuniones habituales entre los representantes de ambos ayuntamientos, una dinámica que los dos consistorios han consolidado en los últimos años para coordinar políticas y evitar decisiones aisladas.
En esta ocasión, el anfitrión fue el Ayuntamiento de Coslada, donde se celebró la reunión durante la mañana de este lunes 9 de marzo de 2026. Al frente, el alcalde de Coslada, Ángel Viveros, y el regidor de San Fernando de Henares, Javier Corpa, que volvieron a escenificar la buena sintonía política entre dos municipios con fronteras administrativas claras, pero con límites urbanos cada vez más difusos.
La imagen que dejaron fue la de un trabajo de continuidad. No hubo grandes anuncios, pero sí la voluntad expresada de seguir ajustando piezas en materias que afectan a los dos lados de la “línea” que separa –y al mismo tiempo une– a Coslada y San Fernando.
Urbanismo como eje central
El foco de la reunión estuvo en los temas comunes de urbanismo. No es casual: tanto Coslada como San Fernando de Henares comparten tejidos residenciales, áreas industriales y espacios de transición en los que cualquier cambio en un municipio tiene impacto directo sobre el otro.
Por eso, junto a los alcaldes se sentaron también los concejales responsables de estas áreas: José Sousa, edil de Política Territorial en Coslada, y Santos Rozalén, al frente de Planificación de la Ciudad y Desarrollo Sostenible en San Fernando. Su presencia subraya que no se trataba solo de una reunión política, sino de un espacio de trabajo técnico y de coordinación entre departamentos con competencias directas sobre el territorio.
Aunque la nota oficial no entra al detalle de los expedientes tratados, el encuadre en el área de urbanismo permite situar el encuentro en debates clave como la gestión de suelos limítrofes, la conexión de equipamientos o la ordenación de espacios donde el vecino rara vez distingue en qué término municipal está.
Dos ciudades, una continuidad urbana
La frase que dejó el alcalde de Coslada al término de la reunión resume la lógica que hay detrás de estos encuentros: “A Coslada y San Fernando de Henares no nos separa una calle sino que nos une”. No es solo una declaración amable; es una forma de leer un territorio metropolitano donde las fronteras administrativas van por un lado y la vida cotidiana, por otro.
Quien se mueve a diario entre Coslada y San Fernando conoce esa sensación de ciudad continua: barrios conectados, servicios compartidos de facto y una relación de vecino cercano que se percibe tanto en la movilidad como en el uso de espacios públicos. En ese contexto, coordinar políticas urbanísticas deja de ser un gesto puntual para convertirse en una necesidad práctica.
La buena sintonía a la que alude la documentación oficial no se refiere solo a las relaciones personales entre dirigentes, sino a la voluntad política de actuar con una mirada supramunicipal en cuestiones que no entienden de límites de término.
La importancia de la coordinación institucional
Estos encuentros periódicos entre administraciones locales cumplen una función discreta, pero clave: permiten abordar conflictos potenciales antes de que salten al espacio público y facilitan posicionamientos conjuntos ante otras instituciones, como la Comunidad de Madrid o el Estado.
Cuando se comparten retos en movilidad, vivienda o regeneración urbana, llegar a esas mesas más amplias con una postura alineada refuerza la capacidad de influencia de municipios como Coslada y San Fernando de Henares. Y reduce el riesgo de decisiones contradictorias sobre proyectos que afectan a infraestructuras, usos del suelo o servicios comunes.
En este sentido, la reunión celebrada en la sede municipal de la avenida de la Constitución 47, se entiende mejor como una pieza más de un engranaje que busca estabilidad en la gestión cotidiana de dos ciudades vecinas.
Continuidad más allá de la foto
No hubo grandes titulares ni anuncios de impacto inmediato, pero sí un mensaje claro: la agenda compartida entre Coslada y San Fernando de Henares se construye a base de reuniones de trabajo, no solo de declaraciones.
La presencia de los responsables de Política Territorial y de Planificación de la Ciudad invita a pensar que la coordinación seguirá bajando al detalle de los proyectos concretos en los próximos meses. Y que el urbanismo continuará siendo el hilo conductor de una relación institucional que se apoya en una idea sencilla, repetida por el alcalde cosladeño: más que una frontera, ambos municipios comparten una ciudad que sus vecinos recorren sin mirar el límite del plano.





